Una experiencia inolvidable

Teníamos pendiente contaros cómo fue nuestro primer Pop Up Store en Madrid, una experiencia muy satisfactoria que nos sirvió para conoceros en persona y recibir vuestro feedback sobre sobre las prendas de Bee Bee Babies.Primer Pop UpPrimer pop up

Fue nuestra primera experiencia de venta offline y estamos inmensamente agradecidas a los cientos de amigos, conocidos y paseantes anónimos que os pasasteis por nuestro stand. Algunos ya sabían a lo que iban pero muchos otros se acercaban a preguntarnos “¿Cómo es posible que la ropa crezca con los bebés?”. Nos dejó impresionadas el interés que despertó nuestra primera colección en el Pop Up Store Baby&Kids organizado en el Espacio Vaquería.

Ropa original bebeRopa bebé original

Así que, si os quedasteis con las ganas de tocar nuestras prendas en vivo y en directo, no os preocupéis porque este fue el primero pero no el último Pop Up al que acudiremos. Hasta entonces, nos podéis encontrar en la tienda online de Bee Bee Babies.

Os dejamos algunas fotos del evento:

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No somos Superwoman (ni queremos serlo)

Ya lo hemos dicho. Alto y claro. Negro sobre blanco. No somos Superwoman y no queremos serlo. Ni ahora, ni mañana, ni nunca.

Para llegar a esta conclusión, hemos tenido que luchar contra varios yo interiores, contra presiones de agentes externos (madres, suegras, primas, amigas…), contra las reglas de una sociedad que nos exige y nos exprime, contra las fantasías que nos intentan vender las revistas, y contra los mil y un mitos de la maternidad.Superwoman

Para la mayoría de las madres, la conciliación es un cuento chino que solo en contadas ocasiones es posible. Ya hemos descubierto que ese paradigma de vida armoniosa en la que los trabajos dentro y fuera de la casa se complementan a la perfección, es un espejismo. En la vida real, nos vemos obligadas a congelar purés, saltarnos el baño del niño, pedir pizza de manera habitual, correr para no llegar tarde al cole o pasar por delante de las pelusas del pasillo pensando: “ahí os quedáis un par de días más”.

Por si fuera poco, somos madres reales que regañamos a nuestros hijos, discutimos con nuestras parejas, nos agobiamos con las tareas del día a día, nos desesperamos cuando los niños no duermen ni hacen los deberes, que soñamos con una tarde libre para ir a la peluquería o a tomar un café con una amiga.

A menudo nos preguntamos cómo lo hacían nuestras abuelas, con cuatro o cinco niños bien criados, comida recién hecha en todo momento,la nevera siempre llena y la casa más ordenada y limpia que una patena. Y todo eso sin Internet, ni whatsapp, ni robot aspirador, ni (en muchos casos) carnet de conducir. Ellas sí eran Superwoman.

¿Y nosotras? ¿No lo somos? Es cierto que no hacemos croquetas, ni cosemos disfraces. No nos salen las trenzas de espiga ni somos capaces de quitar las manchas de zumo de naranja. Lo asumimos sin el menor sentimiento de culpabilidad. Sin embargo, nos preocupamos por los intereses culturales de nuestros hijos, porque encuentren sus espacios propios, porque sepan apreciar las pequeñas cosas, aprender de sus errores y disfrutar de su vida. Y todo lo hacemos con dedicación, creatividad, amor y mucho humor. Porque los niños también deben aprender a reírse de los cánones de perfección que nos impone la sociedad.We_Can_Do_It!

Por todo eso, también somos madres excelentes con otro tipo de superpoderes.

Entonces… ¿Seguro que no somos SuperWoman?

Cosas de madre (que dije que nunca haría)

Antes de ser madre pensaba que había ciertas ‘cosas de madre’ que nunca haría, bien por vergüenza ajena o porque recordaba con angustia cómo las hacía mi madre cuando era pequeña. ¡Qué ingenua! En solo unos meses como mamá, ya he caído en unas cuantas.

La saliva mágica es, sin duda, mi favorita. Cuando veía a mis amigas pasarse los dedos por la lengua para después restregárselos a sus hijos por la cara, pensaba: ¿Y no pueden utilizar un pañuelo o una toallita? ¡Lo que hace la inexperiencia! Mi hija no tenía ni un mes, y yo ya había desenfundado mi dedo índice para pasárselo, bien untado de saliva mágica, por la comisura del labio. ¡Horror!

Tampoco iba a chutarle jeringazos de suero ni a utilizar aspiradores nasales que parecen elementos de tortura pero… ¡Pobre de mí! Ya estoy en el nivel experto y puedo hacerlo con una sola mano si hace falta.

En el segundo puesto, otro clásico: no ponerla delante de la tele para que me deje un poco de tranquilidad. ¡Zas, en toda la boca! Puedo decir que mi hija, con seis meses, ha visto más partidos del Atleti que su madre. No sé qué tendrán las rayas de las camisetas de los jugadores o el verde del césped, pero la criatura se tumba en el sofá con su padre y no hay quien los despegue de la pantalla. A cambio, yo tengo un par de horas para un baño relajante, para abrir un libro, o ir a tomar un café con una amiga. ¡Es maravilloso!

Otra de las “cosas de madre” es salir de casa con lo que haya en el bolso del carrito. Tu cartera, tus gafas de sol y todos los objetos imprescindibles, apenas abandonarán ese bolsillo interior durante meses. Y en pleno episodio de llanto inconsolable que solo cesa en la calle, olvídate de coger el teléfono móvil o cualquier otro artículo de lujo. Yo, que siempre iba con mi bolso al fin del mundo, ahora no sé ni dónde tengo uno.

Otro fenómeno paranormal que sucede al tener hijos es el de ir de compras y mirar solo cosas para los niños. ¿Dónde han quedado aquellas tardes de probador que terminaban con tantas bolsas que necesitabas unas cervezas para reponerte?

Al menos hay una típica “cosa de madre” de la que me salvo, y es comprar la ropa dos tallas más grande para que le aguante toda la temporada. Gracias a Bee Bee Babies y su ropa de bebé adaptable a dos tallas, puedo utilizar más tiempo las prendas sin que parezca que la niña es una rapera. ¿Las habéis probado?

En definitiva, ahora que ya sé que acabaré haciendo todas las típicas “cosas de madre”, pienso en las míticas frases que, seguro saldrán de mi boca: ¡Te lo dije!, no me, no me… Que te, que te; ¿Y si tus amigos se tiran por un puente, vas tú y te tiras? Y entonces me acordaré de mi madre, de mis abuelas y de todas las mujeres que cada primer domingo de mayo se merecen un buen desayuno, un día libre y un millón de besos.

¡Feliz Día de la Madre!